Todavía observo a mi alrededor gente que desconoce lo que es una red social. Para ellos, Facebook y Twitter (seguramente confundiéndolo con Tuenti) es “eso que utilizan los chicos…“. La brecha digital, más que una barrera socio-económica, es ahora intelectual. La generación que ve impotente como sus hijos dominan unas herramientas de comunicación que ellos no entienden (llamémosles “escépticos digitales”), está a tiempo de evitar convertirse en “analfabeta digital”. Para mi es un problema de actitud que poco tiene que ver con el que se enfrentaron nuestros padres, por ejemplo; porque ellos carecían -en general- de una formación adecuada.
Internet es hoy el soporte de una revolución que está facilitando un cambio absoluto en la forma de comunicarnos y que, fundamentalmente, ahora es más social que nunca. Por eso me asombra oir palabras como “enganchar” (adictivo) o “aislamiento“, cuando alguien se refiere a los “peligros” de Internet. El acceso a la información es más democrático y más libre que nunca (en los países libres, claro) y las posibilidades de relacionarse (para charlar, aprender, enseñar, proyectar, promover, vender, comprar, divulgar, etc.) son infinitas.
A un “escéptico digital” no le costará demasiado entender el funcionamiento del e-mail y hasta será capaz de utilizarlo laboral y personalmente, ya que se trata de una evolución natural del correo postal del sobre y la carta. Asociará su bandeja de entrada al buzón de su casa, etc. La frontera se situó con los SMS, con las “perdidas” y con un lenguaje (abreviaturas, emoticonos, etc.) que empezaba a escaparse de toda lógica establecida. La mensajería instantánea del Messenger ya no estaba hecha para los padres de los nativos digitales. Y, por supuesto, Tuenti (y Facebook) y, últimamente, Twitter son esas cosas de chicos y famosos. Red social suena a demasiado enredo para ellos. Si a ello le añadimos un poquito de confusión por parte de algunos medios tradicionales, una pizca de tecnofobia y miedo tanto a lo desconocido como a perder negocios obsoletos por parte de las industrias, e intereses políticos a ambos lados del espectro electoral; tendremos el magma ideal para cocer un perfecto “analfabeto digital” o, por lo menos, un “escéptico digital”.
Explicar qué es Facebook o Twitter es muy fácil. Enseñar a utilizar esas herramientas también. Entre otras cosas porque su éxito radica en lo intuitivas que son. Utilizarlas bien o a la medida de nuestras necesidades es algo muy distinto. Pero, en cualquier caso, el “escéptico digital” requiere de un cambio de actitud para no convertirse en “analfabeto digital”.
En los próximos años, quizás meses, ya no usaremos el e-mail ni siquiera el teléfono al modo tradicional. Nuestras vidas virtuales serán una continuación natural de las físicas y viceversa. Los medios de comunicación no tendrán nada que ver con los actuales y nuestras herramientas de comunicación poco tendrán que ver con el teléfono o el e-mail. No sabemos como serán, pero de momento tenemos herramientas como Foursquare, Instagram o Twitter, entre otras, que los “escépticos digitales” tendrían ya que conocer.
Imagen: Es puro verso