La era de la información no es compatible con industrias obsoletas
Un libro no es sólo el fruto del trabajo de su autor. Más allá del texto, trabajan un editor, un diseñador, un corrector de pruebas, un impresor, un distribuidor, un agente, un equipo de promoción, otro de marketing, las secciones de Libros de los medios de comunicación, y al final, un librero. Si desaparecen los libros, y permanecen sólo los archivos de texto que los originan, desaparecerán todos estos sectores.
Esta frase parece sacada de hace 200 años. Pero no. Está escrita en pleno 2010, en plena era de la información digital. Su autora, en el artículo El oficio de escribir, cree que con la evolución tecnológica se destruyen puestos de trabajo. Es posible. Pero a mí, hace 30 años en 1º de Informática me contaron que los trabajadores que fuesen sustituidos por máquinas pasarían a realizar labores más especializadas. Aseveración que, por otra parte, nunca he llegado a averiguar cuánto de cierta tiene.
Puede ser que a mediados del siglo XX tuviese sentido plantearse un nuevo movimiento ludista, como el que sacudió Gran Bretaña entre 1811 y 1816. En pleno nacimiento de la informática nadie conocía las consecuencias sociales del uso de los ordenadores. A principios del siglo XIX, el problema era otro. El ludismo se enfrentó a los empresarios que, con la implantación de las máquinas, prescindía de parte de sus obreros. Pero el rechazo a los nuevos inventos, de la mano de la evolución tecnológica, es el intento en vano de aferrarse al pasado. Sucedió con la imprenta mucho antes, pasó con el ferrocarril, con el telégrafo, con la radio, con el cine y con la televisión. Pasó con el mp3 y ahora con el libro electrónico.
Pero para mí, el asunto no es cuántas personas intervienen en la elaboración de un libro (podríamos preguntarle a los responsables de Bubok), sino cuánto se incrementa innecesariamente el coste de un libro. El asunto es que, con la tecnología, se desmonta una industria artificial e innecesaria. Y, entonces, surgen los neoluditas.
La diferencia es que, antes, simplemente la industria se reciclaba. Los del ferrocarril eran los mismos que los de la diligencia. Los de la TV los mismo que los de la radio. Sin embargo, ahora, cualquier persona puede convertirse en editor, diseñador, corrector de pruebas, impresor, distribuidor, librero, etc. Es un problema de competencia: el empresario reciclado contra todo el mundo.
La era de la información no es compatible con industrias obsoletas.










abril 27th, 2010 a las 3:55 am
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