El arte de la mentira política
No había leído nada de Jonathan Swift, excepto su famosa novela Los viajes de Gulliver. Aparte de inventar el nombre femenino ‘Vanessa’ nos dejó una enorme cantidad de frases históricas, como por ejemplo ‘¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!’ o su epitafio: ‘Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, D., deán de esta catedral, en un lugar en que la ardiente indignación no puede ya lacerar su corazón. Ve, viajero, e intenta imitar a un hombre que fue un irreductible defensor de la libertad’.
Gracias a la fabulosa colección de libros que regala el diario Público, he conocido uno de sus ensayos más incisivos, y sorprendentemente muy actual: El arte de la mentira política. En el mismo volumen, otro ensayo igualmente interesante: ‘¿Es conveniente engañar al pueblo?‘, de Nicolas de Condorcet.
Jonathan Swift es autor de una de las sátiras más crudas sobre la realidad de la sociedad irlandesa de 1729: Una modesta proposición. En él, se propone que los padres pobres vendan sus hijos a los terratenientes ricos para comérselos. Sarcasmo e ironía para reflejar problemas de hace 300 años pero que no son tan ajenos a la sociedad de nuestros días.









