La niña
Rafa Osuna escribió esta divertida fábula para el BlogGuest 2, 8 años. Este es el #10 de un total de 16 artículos editados en el pdf y que también estamos publicando en esta serie de posts.
No os vais a creer lo que me ocurrió ayer.
Iba caminando por la calle, cuando me encontré una niña de unos 10 ó 12 años que, sentada en el suelo al lado de un árbol, lloraba de manera ostentosa. Me acerqué a ella y le pregunté:
- ¿Qué te pasa, pequeña?. ¿Estás sola?. ¿No está tu mamá cerca?.
- No, no tengo mamá.
Evidentemente, esta respuesta hizo que me preocupase más por la niña. ¿Habrá perdido recientemente a su madre y será ese el motivo de su llanto?. Me decidí a indagar un poco más.
- Y, ¿cómo te llamas, bonita?.
- Blogosfera. Soy la Blogosfera.
Imaginaos mi asombro. ¡Tenía delante mío a la Blogosfera!. ¡La auténtica Blogosfera!. Tras unos momentos en los que no supe como reaccionar, me di cuenta de que, famosa o no, al fin y al cabo era una niña pequeña que estaba llorando. Había que ayudar.
- Y, aunque no tengas mamá, ¿No están tus hermanitas por aquí?. Porque tengo entendido que tienes dos hermanas… la podcasfera y la videoblogosfera. Se llaman así, ¿no?.
Sin explicación aparente, tras escuchar mi pregunta, la niña volvió a ponerse a llorar, pero esta vez con más intensidad.
Tuvieron que pasar más de dos minutos hasta que pudo, entre sollozos, volver a hablar.
- Ese es el motivo de mi pena. La gente no dice nada más que mentiras sobre mí. Sin ir más lejos, eso de mis hermanas es falso. Yo no tengo ninguna hermana. No existen la podcasfera, la videoblogosfera ni ninguna otra hermana mía. Realmente, solo hay una blogosfera, yo. Lo que pasa es que hay veces que aparezco con texto, otras con audio y otras con vídeo. Pero siempre soy yo. Si una persona es panadero, padre, hijo y chapuzas en casa a la vez, ¿se dice que se trata de cuatro personas distintas (un panadero, un padre, un hijo y un chapuzas)?. No. Entonces, ¿por qué se empeña la gente en inventarse familiares míos?.
- Cuánta razón tienes, Blogosfera. Eres única. Lo que tienes que hacer es no hacerle caso a la gente.
- Eso intento. Lo que pasa es que dicen cosas muy duras sobre mí y eso no lo puedo aguantar. ¿Sabes que han llegado a decir de mí que me prostituyo?-
- ¡¿Qué me dices?!
- Sí, al principio me trataban muy bien. Me decían que había traído aire fresco a Internet, la posibilidad de que todo el mundo escribiese lo que quisiera. Un ejemplo de libertad. Sin embargo, al poco tiempo empezaron a decir que esa libertad se estaba usando mal. Que la gente estaba empezando a hacer cosas como poner publicidad en los blogs. “¡La prostitución de la Blogosfera” llegaron a decir!”. Es muy duro escuchar esas cosas. ¿No habíamos quedado en que la libertad era buena?.
En ese momento ya no sabía cómo consolar a esa niña que se veía tan indefensa. Sin embargo, no me fue necesario decir nada. Ella mismo continuó. Tenía ganas de desahogarse.
- Incluso, últimamente han anunciado mi muerte. ¡Mi muerte!. ¡Pero si soy muy joven!. ¿Cómo voy a morir tan pronto?. Yo creo que tengo mucho que decir todavía. Soy capaz de adaptarme a las modas. Incluso, si quieren, soy capaz de expresarme solo en 140 caracteres. Pero que no digan que he muerto. Evolucionar, lo que haga falta. Puedo hacerlo. Pero, ¿por qué tienen que decir que he muerto?.
En este momento, ya me encontraba yo mirando al rededor para intentar descubrir alguna cámara oculta. ¿Era cierto que esa niña era la Blogosfera y que se encontraba tan apenada?.
- Pero es que, fíjate, incluso han llegado a decir que no existo. ¡Que no existo!. ¿Es o no es para llorar?. Al principio intentaba no hacer caso a esas cosas pero cada vez son más los insultos y las falsedades y ya no puedo más. No sé lo que hacer.
Había que consolar a la Blogosfera. Aunque no estaba muy convencido, le dije:
- Lo que tienes que hacer es no escuchar a los que dicen esas cosas. Al fin y al cabo, son una minora. La mayoría te quiere. Te dedican congresos, programas en la tele y la radio, noticias y secciones en los periódicos. Yo creo que la gente está contigo. Alegra esa cara y olvida las cosas malas que dicen de ti.
Debo ser muy convincente porque según hablaba, a la niña le cambiaba la cara. Poco a poco, desapareció el llanto y apareció la sonrisa. A partir de ese momento, las cosas cambiaron, como por arte de magia. Se desvió la conversación hacia otros temas menos controvertidos y, pasado un rato, la niña estaba riendo y todas sus penas parecían olvidadas.
“Es el momento de seguir mi camino. Ya he hecho la buena acción del día”, pensó, momentos antes de despedirme de la niña.
Sus últimas palabras, antes de salir corriendo calle abajo fueron:
- Muchas gracias, señor, me has alegrado tanto que creo que voy a ir a divertirme un poco de la manera que más me gusta: voy a ver si espero a “Prensa Tradicional” a la salida de su casa para tirarle piedras y reírme un poco de ella.










marzo 25th, 2009 a las 7:22 am
Fue un verdadero placer colaborar en Blogpocket. Mucha gracias.