De frente al sol del primer invierno en una mañana norteña de viento francés, dos bellos apolos descansan tensos en las escaleras del puerto viejo. En su mirada hay la tristeza de la vida, pero sus ojos se desvían a la belleza y su sonrisa delata su esperanza. Quiero a estos dos apolos, de piel tostada y pelo rubio rojizo, que refulgen al sol.
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