BlogGuest: Historia de la poesía, por Javier Reguera
Javier Reguera es el alma mater de Así se fundó Carnaby Street. Hoy escribe en blogpocket este post especial:
La historia de la poesía española del siglo XX contada en dos minutos
La poesía suele infundir cierto rechazo en el lector común, quizás porque se entiende que el poema recrea tan sólo un mundo en sí mismo y su hermetismo lo aleja de referencias de uso común. El lenguaje poético, sin embargo, no escapa a la denominación de otros géneros literarios según la cual la frase, el párrafo o cualquier narración completa, forma parte de un contexto cultural. La poesía no es ajena a los procesos culturales en lo que se enmarca la escritura. En las últimas décadas, el estilo predominante en la poesía española se ha caracterizado especialmente por su marcado uso de lo cotidiano y un intento de sintetizar en el poema el viejo debate poesía del conocimiento versus poesía de la experiencia. Si hemos de compararla con la poesía hispanoamericana, mientras ésta ejercita el vocablo épico, la fuerza telúrica y la extensa narración que va de los surrealismos de Pablo Neruda escritos en Residencia en la tierra (1925-1935) a la reinterpretación de la épica de Raul Zurita plasmada en Anteparaíso (1982), la española ha seguido, desde la generación del 36, un recorrido delimitado por un sujeto poético que libra su combate con su cotidianidad, ya sea política, social o moral. Vamos pues indagando en aquellos poemarios que han significado la expresión de una época, que explican una visión del mundo, y lo hacemos a través de algunos libros que podrían definir nuestro siglo XX. Evidentemente, se trata de una versión, pues libros hay muchos y otros tantos podrían ocupar el mismo lugar. La intención se muestra con el ejemplo, y en lo que concierne a poesía el espíritu va antes que la letra. No obstante, el poema lo escriben los hombres y nadie escapa al lugar en que se colocan las cosas, la historia.
Incluso las vanguardias españolas de principios del siglo XX, en su manifestación por contradecir la tradición literaria ubicada en el racionalismo, participa de todo lo que estaba ocurriendo en Europa. Guillermo de Torre, intelectual y agitador cultural, recoge todas las tendencias vanguardistas europeas a través del ultraísmo. Su libro Hélices (1921) es nuestra primera parada, pues desechando la métrica y la rima y haciendo uso del espacio en blanco provoca la ruptura con el racionalismo. Con la Generación del 27 el espacio que habían creado las vanguardias de los años 20 retoma la tradición literaria española, y el surrealismo que caracteriza los primeros libros de muchos de sus miembros adquieren un tono con matices propios. Así, Federico García Lorca escribe, a mi parecer, uno de los libros más impresionantes de la poesía universal, Poeta en Nueva York (1929). Es curioso que su infiltración en el surrealismo venga de la mano de la ampliación de su marco geográfico a través de un viaje a EE. UU. Pero los años 30 van a determinar un giro estilístico general. Los agitados años de la II República, más aún ante el inicio de la Guerra Civil, influye de igual forma en la poesía, una poesía que empezará a vislumbrar que la palabra ejerce su fuerza a través del compromiso. El poema se convierte en poema de expresión politico-social. Miguel Hernández, que había llegado a Madrid en plena II República, realiza el tránsito de una poesía pastoril con tintes religioso-católicos al poema de combate que ilustra Viento del Pueblo (1937). Una poesía comprometida, puesta al servicio de la causa republicana. Si damos un salto y nos alojamos por un momento en los años 50, veremos que la generación predominante, la que ha pervivido en los manuales de historia literaria, es la de Carlos Barral, Carlos Sahún, José Manuel Caballero Bonald, Angel González, José Angel Valente y Jaime Gil de Biedma. Ya se sabe que la historia de la literatura acude a la simplificación cuando no sabe cómo agrupar a un número determinado de escritores. El caso de la Generación del 50 no es distinto en este sentido. Lo que sí les une es una preocupación por el lenguaje cotidiano y la construcción de una poema que define el sentido de la experiencia personal o colectiva. Jaime Gil de Biedma escribe dos libros fundamentales para entender ese periodo, Moralidades (1966) y Poemas póstumos (1968), donde el sujeto poético es consciente de su participación en la realidad histórica. La poesía se vuelca, en cierta medida, en la cotidianidad, pero el poema se convierte en objeto moral a través de la experiencia histórica de ese sujeto. Gil de Biedma será revisitado en los años 80 por otros poeta, sin embargo en los 70 nos topamos con otra generación, que no deja de ser otro acto de publicitación fijada primero en una antología y luego en los propios manuales. José Maria Castellet, escritor y editor, se inventa toda una generación a partir de su antología Nueve poetas novísimos españoles (1970), la cual reúne a poetas como Pere Gimferrer, Leopoldo María Panero, Manuel Vázquez Montalbán o Guillermo Carnero, entre otros. Como toda generación más o menos posible, la característica primordial es negar la generación anterior, y los Novísimos ofrecen su inventario característico a través del preciosismo del lenguaje y cierto cosmopolitismo, una poesía llena de referencias cultas e históricas. De esta generación destacan, a mi entender, dos poeta bien distintos. De un lado Pere Gimferrer con Arde el mar (1966), escrito en castellano, pues a comienzos de los 70 empezaría a publicar en su lengua materna, el catalán; y de otro, Leopoldo María Panero con Así se fundó Carnaby Street (1970) (mi blog lleva ese mismo título en homenaje a ese libro y a Carnaby Street como símbolo del espacio cultural), una actualización de la poesía irracionalista con influencias del surrealismo y el experimentalismo. La Generación de los Novísimos, sin embargo, quedó en nada, en un acto editorial que ha pervivido como simplificación de un periodo pero que apenas posee una base real. Responde más bien a cómo una generación puede ser creada por mediación del marketing editorial. Así llegamos a los años 80 y el regreso a la poesía de la experiencia que toma sus referencias inmediatas de la generación de los 50 y toma como poeta emblemático a Luis Cernuda. Parte de la poesía que se ha hecho en los últimos años proviene precisamente de los primeros libros de Luis García Montero (El jardín extranjero, 1983) y Felipe Benitez Reyes (Paraíso manuscrito, 1982), los poeta más significativos de esos años que aún hoy continúan representando la línea poética predominante, una cotidianidad donde el poeta (el sujeto poético) se convierte en ciudadano común, en sujeto identificable. Pero estos son sólo algunos libros. Muchos otros podrían haberlos sustituido porque los libros a veces sólo adquieren esa relevancia por cuestiones del azar, del momento preciso en que son escritos. Otros muchos poetas forman parte de esa historia, aunque sólo estos pocos cabían en un post.










abril 3rd, 2008 a las 12:03 pm
[...] autor, Javier Reguera, define este espacio como “un weblog sobre cultura del siglo XX y XXI, tendencias y enlaces [...]