Las cosas van mal, López
Los mejores dibujantes de tiras cómicas son los que con pocos trazos, o de una forma simple, son capaces de reflejar la realidad. Por ejemplo, Quino es un maestro retratando las miserias y grandezas de la sociedad. Otro genio es Scott Adams que plasma, como nadie, cómo es el mundo laboral actual de las empresas modernas. Y Forges, sin ir más lejos, ha sabido perfilar, con un humor ingenioso y original, a la sociedad española desde 1964.
Precisamente de Forges es un chiste en el que se ve a un solitario y compungido empleado, sentado delante de su ordenador, en una sala inmensa y vacia. Delante de él, un grupo inmenso de jefes, con la misma cara y el mismo traje oscuro. Éstos le dicen: ‘Las cosas van mal, López: nos vemos obligados a reducir el personal’.
¡Qué chiste más agudo y jocoso!. Pero lo que narra no es nada gracioso. La realidad de mucha gente que trabaja en empresas cinéticas es más bien dramática. Detrás de la vistosa publicidad hay, por parte de esas empresas, violaciones graves tanto de los convenios colectivos, como del mismísimo estatuto de los trabajadores. Las plantillas sufren importantes problemas de salud, incluyendo trastornos psicológicos como los derivados del mobbing, la adicción al trabajo o el estress. Empresas que, mientras lanzan bellas campañas publicitarias para captar clientes, tienen a sus trabajadores en lucha, defendiendo sus derechos.









