El problema de Microsoft
El problema de Microsoft, y todo el entorno de aplicaciones que funcionan bajo el sistema operativo Windows, es que el usuario no tiene capacidad de decisión para elegir cuándo, cómo y qué ejecutar. Tanto el software como el hardware se encuentran condicionados por una estrategia de instalación y actualización invasoras que impide que el usuario sea dueño de su computadora.
Yo uso Windows pero con una cantidad tal de programas ‘anti’ que mis recursos se encuentran bajo mínimos. Las necesidades de memoria y procesador, por ejemplo crecen exponencialmente a medida que salen al mercado nuevas versiones del software. En juegos esto es especialmente llamativo. La tercera expansión de los Sims ya no pude instalarla sin ampliar la capacidad de la memoria. Mi arranque está repleto de programas ‘anti’: anti-espias, anti-troyanos, anti-virus, anti-proxy-caché, anti-ataques, anti-spam, anti-phising, anti-bloqueos, … tantos ‘anti’ que voy a tener que instalar un programa ‘anti-antis’ ![]()
No es de extrañar, pues, el creciente interés por el software de código abierto, con el que por lo menos ninguna empresa nos exige nada. Somos libres para elegir qué y cuándo instalar las aplicaciones. Y cuándo actualizarlas. Por ejemplo con Jabber, el sistema de mensajería instantánea, decidimos qué cliente instalar. Uno de ellos es el psi.
No nos sorprende tampoco que Microsoft esté trabajando en conseguir un anti-virus para competir en el campo en el que otras empresas son líderes. Hay una vieja teoría de mercado que es la de crear la necesidad.
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