BlogGuest 54 (Otis B. Driftwood)

banner de Otis B. DriftwoodDesde la la tierra de las nubes, llegan hoy como invitados hasta blogpocket Otis B. Drifwood y sus siempre interesantes impresiones. Los posts ‘marxistas‘ deberían prohibirse, pues causan tremenda adicción.


El día en que falló mi blog.

Esta sensación de angustia no es normal, nunca me había pasado algo así. Lo he consultado con mi

psiquiatra y dice que sufro de un síndrome freudiano que me provoca alteraciones de la psique, incremento de los fluidos adrenalínicos, proteínicos, vitamínicos y …….inicos, aceleración del pulso en reposo hasta niveles anteriores a la crisis del petróleo de 1973 e incluso un crecimiento del pelo localizado exclusivamente en los folículos pares del hemisferio craneal derecho, según se mira ‘ut supra‘.

Todo viene del día en que falló mi blog. Es difícil de describir lo que pasó: de repente, ya no estaba. Me levanté a las seis y cuarenta y tres de la mañana, tras un reparador sueño de exactamente cuatro horas, diecisiete minutos y dos segundos y rápidamente abrí mi Mozilla y pulsé el botón de la barra personal que me lleva directamente hacia el objeto de mis deseos y desvelos (en la página de inicio no la tengo; he puesto el Gúguel para que no se piense mi novia que soy un friki. Aunque ahora que lo pienso, hace días que no la veo. Aunque ahora que lo pienso más, no son días sino meses. Un mes son treinta días, ¿no? Pues por lo menos catorce meses debe hacer que no veo a… ¿cómo se llamaba? Voy a mirar en la pestaña de Favoritos a ver si aún lo tengo apuntado…

Pues no funcionó. Nada, en blanco. Primero el dichoso mensajito ‘El documento no contiene datos’, que siempre me coloca al borde del infarto… ¿se habrá borrado toda la diarrea mental de meses, años, lustros? El pensamiento es demasiado inabordable y me niego a creer en ello, así que lo desalojo de mi cabeza inmediatamente. Después de aquel primer disgustazo, pulso F5 tres veces, y Ctrl+F5 otras seis, y esta vez aparece ¡un 404! ¿Cóooooooooomo que la página no existe en el servidor? ¿Cómo es posible? Es que todos esos post que con mimo y cariño fui escribiendo resulta que eran mentira? ¿Producto quizás de un sueño, de la imaginación de una mente calenturienta como la mía? ¿Dónde están aquellas notas tan redondas, tan indiscutibles, tan magistrales, sobre temas tan diversos como la política, la informática, la historia, el deporte, la cocina, la ecología, la geo- oro- disco- paleo- grafía, la entomología, la literatura o los callos en los pies de Fresita de Gran Hermano? ¿Qué hacer ahora con esos miles… bueno, cientos… bueno, docenas… de visitantes que requerían de mis palabras diarias, a veces horarias, para poder darle un mínimo de sentido a sus infaustas vidas? Todos esos pensamientos recorrieron mis cuatro neuronas vivas a velocidades de vértigo mientras un sudor frío empezaba a resbalar por mi mejilla izquierda, lo que no deja de ser paradójico pues es justo el lado donde no me crece el cabello. Y es que hasta mis glándulas se rebelan ante la irreparable pérdida de sus efluvios.

‘No se encuentra el servidor. Por favor, compruebe el nombre y vuélvalo a intentar’. Instalo cuarenta teclados diferentes, uno de ellos árabe, y por mas que tecleteo no hay manera de que el navegador localice mi blog por ninguna parte de la blogosfera. Envío correos masivos a todos los gurús de la blogosfera que conozco, a los que sólo conozco de oídas y a algunos de los que nunca he oído hablar. Incluso me envío uno a mí mismo, gurú como soy e influyente como pocos. Me llegan todos devueltos, empezando por el mío.

‘Error 500′… ¿Y ezo qué é lo que é?

‘Error 1522′… Llegados a este punto casi espero que salgan Bill Gates y Fraga de la pantalla para correrme a collejas, uno por cada lado. No me importa, ya empiezo a perder conciencia de mi propio karma y cada vez le encuentro menos razón de ser a una existencia sin blog. Fugazmente pasa por mi cabeza volver a la protoversión que comencé en Blogspot, pero rechazo de plano la idea. Me ha costado muchos esfuerzos borrar cuidadosamente esa zona de mi pasado para que mis lectores no sepan que yo también fui un pringao como ellos. Perdería credibilidad, respeto, y por lo menos dos comments diarios. Impracticable.

Tras doce horas en las que obtengo todas las combinaciones posibles de errores, mensajes de advertencia, pitidos güindosianos de lo más desagradable, incluyendo algunos que sólo creí que oiría en caso de ataque nuclear y dos extraños ruidos que me atrevería a jurar que son pedorretas, tengo ya el nembutal preparado junto al vaso de leche con Eko y decido darle una última oportunidad… ¡Sorpresa! Aparece la tan extrañada pantalla inicial de Movable Type modificada por supuesto con los plugins de cosecha propia. Examino los cuatromilochocientos posts uno por uno y compruebo que está todo en orden, salvo dos comas y un signo de libra esterlina que se debieron de colar cuando llevaba en el cuerpo más colacao del de costumbre. Delete, delete,… ¡DELETE!

Le pregunto a mi blog que dónde ha estado. No contesta. Nunca fue demasiado hablador, pero esta vez emite un silencio despreciativo. No sé qué le habrá pasado ni el porqué de su repentina huida, pero seguro que ha sido culpa mía. Le prometo tratarle mejor y ponerle un blogroll en condiciones, para que pueda presumir ante los conocidos. Sigue sin soltar ni media. Definitivamente, es culpa mía, tengo que hacerlo mejor y seguro que volverá a serme fiel, siquiera un poquito.

Lo que está claro es que ya nada volverá a ser igual. Mi psiquiatra me dice que tengo un serio trastorno de personalidad y que además mi gusto en el vestir es lamentable, y me receta unas pastillas. Nada más llegar a casa, las tiro a la papelera. Pero qué narices sabrá el cenutrio ese, que se cree un profesional y en cambio es tan torpe que ni siquiera tiene un blog…

Ups, se me olvidó cerrar aquel paréntesis. Aquí está: )

Post escrito en exclusiva para blogpocket por Otis B. Drifwood

Como todo blogguest que se precie, nuestro invitado número 54 también se presenta:


MHR escribe (cuando le viene en gana) bajo el seudónimo de Otis B. Driftwood, como homenaje al personaje de Groucho Marx en ‘Una Noche en la Ópera’. Radicado desde hace dos años en la república de Libertonia (en la vida real, Aquisgrán, Alemania), aunque sevillano de nacimiento, Mr. Driftwood dice que es ingeniero y algunos incluso le creen, lo que no es malo a efectos laborales. Es un apasionado del cine, la lectura, los idiomas y los paisajes verdes, y está desde hace años empeñado en entender a las mujeres y a los políticos. Sin ningún éxito, por supuesto. Nacido hace treinta años, también le gusta escribir y mal que bien mantiene dos blogs (él prefiere llamarles ‘cuadernos’), llamados ‘El cuaderno de Otis B. Driftwood’ y ‘La Remington de Joe Gillis’, además de una Moleskine, comentarios habituales en diversas bitácoras amigas y una cantidad variable de post-its en su casa. El texto que tienen aquí hoy es su primer relato de ficción que sale a la luz pública. Allá ustedes, pues, si lo leen y más si les gusta.

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