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BlogGuest 42 (Cronopio Digital)

Por  | 17.03.2003  | BlogGuest

logo de Cronopius DigitalLos Cronopios, en cambio, dejan los recuerdos

sueltos por la casa, entre alegres gritos, y

cuando pasa corriendo uno, lo acarician con

suavidad y le dicen: No vayas a lastimarte,

es por eso que en las casas de los cronopios

hay gran bulla y puertas que golpean.

Los vecinos se quejan siempre de los cronopios.
‘.

Yo voy a contradecir a Cronopio y no me voy a quejar de este interesante vecino. Muy al contrario, me satisface enormemente compartir con él esta locura y poder leer sus excelentes posts. Hoy me congratulo de contar con la presencia de este magnifico weblogger:


¡Holas! (¿ o hélas! ?). ¡Me pide Antonio un post para Bloguest!.

Por supuesto que es un honor al que no me puedo sustraer, aunque cohíba un poco, especialmente cuando quien suscribe jamás pensó en hacer una bitácora, hasta que un día, cansado de sus vanos esfuerzos por mantener on line sus datos, anotaciones, links etc., descubrió que un weblog podía ser la solución. Por eso la página de Cronopius Digital es más plana que la delantera de Nicole Kidman (con perdón), y encima, los estándares de usabilidad y accesibilidad brillan por su ausencia. Pero ésta indulgencia es la grandeza de Antonio y de los anfitriones de verdad, y un motivo más de mi agradecimiento para con él.

A lo que iba. Al principio, fueron los lenguajes ensambladores, (en código de de 4bytes casi tan minimalista como 4colors) -éste cronopio empezó con un UNIVAC 9300 en el MEC-, (¡huy que me descubro…!), era una ¿máquina? que se alimentaba de cáscaras de almendra y tarjetas perforadas con gillette. Pasaron los años y aparecieron los primeros lenguajes procedimentales, sí, aquellos en que había que decirle a la maldita cosa CÓMO tenía que hacerlo. De entonces quedan aún programas en Cobol, sólidos como rocas y simples como el mecanismo de un sonajero.

Luego, -gran avance- , aparecieron los lenguajes declarativos, ya sólo bastaba indicarle amablemente al engendro QUÉ era lo que esperábamos de él, y, súbitamente, en veloz superación empezaron a pulular, apoyados en ellos, los lenguajes orientados a objetos y a componentes, secuenciales, paralelos, concurrentes o distribuidos, cada vez con mayor nivel de abstracción, pero siempre bajo el paradigma imperativo de la máquina de Von Neuman (¡huy!…¡oigo un murmullo de aburrimiento!…)

Estooo…

Bueno, el caso es que Cronopio se dedicó a explicar éstos y otros asuntos en la universidad una temporada -doce añitos…-, hizo algunas publicaciones, perfectamente olvidables, en aras del currículum y del índice de impacto y cosas así. Quizás la más meritoria fue aquella en la que consiguió colar una teta (¡sí!, ¡sí, los cronopios somos pelín gamberros e inconscientes), bueno, la teta no era mía, que me la había prestado Eduardo García Matilla de su fantástico libro ‘Subliminal, escrito en nuestro cerebro‘…

En ésa época me di cuenta, primero: de que me estaba perdiendo muchas tetas, y, en segundo lugar que me estaba convirtiendo en un especialista, y, especialista es aquel que va adquiriendo progresivamente más conocimiento sobre un dominio más reducido, hasta que al final, lo sabe todo sobre prácticamente nada. De forma que decidí aprender a aprender no saber casi nada sobre absolutamente todo, y mira por dónde, eso era lo que éste maldito y voluble mercado laboral estaba pidiendo, ¡así que no me va mal!.

El caso es que, cuando programas en lenguajes procedimentales o declarativos, inconscientemente, trasladas a la estructura del código tus mecanismos y estrategias de razonamiento. Como consecuencia, se puede conocer íntimamente a alguien a través del código que genera en sus programas; porque su estructura es un reflejo, un clónico de la mente de su creador, revela su táctica, manifiesta su estrategia analítica de descomposición de problemas, sus debilidades. En sus parches se desvelan sus dudas, su inseguridad. En sus bifurcaciones su tendencia a la improvisación. En la declaración implícita de variables y en los bucles y anidamientos aflora la capacidad y la vocación para la intriga. En sus comentarios, su estado de ánimo, sus afinidades, sus fobias… de hecho, Cronopio fue en un tiempo el ‘negro’ de algún ex-programador catapultado a más altos designios…, por ello, quizás sea quien más íntimamente conozca a esa persona, mejor quizás que él mismo, porque, al estar día tras día, durante casi dos años husmeando su código, Cronopio acabó instalado dentro de su cabeza, y ahora, cuando le ve en el televisor piensa: ‘…colega! ¡yo me he paseado por tu cerebro!’.

   Post escrito en exclusiva para ©blogpocket por Cronopio

Obligatorio presentarse:


Dice Antonio que debo presentarme. Siguiendo el manual del esquizofrénico políticamente correcto, casi dejaré mejor que hable mi subconsciente por mí: póngase en una coctelera a Cortázar (naturalmente), pero también a Borges, Carpentier, Conrad, Bretch, Hesse, Mann, Wolfe, Kerouak, Whitman, Guthrie, Burroughs, Castaneda, Thoreau, Céline, Watts, Bukowsky, Homero, Joyce, Asimov, Goytisolo (Juan y Agustín), Liberatore, Rankxerox (¡znort!), Mafalda, Crumb, Anarcoma, Zappa, S.R.V., Vai, Vainica Doble, Johnson (Robert y Lonnie), Chomsky, Negroponte, Pressman, DeMarco, Yourdon, Booch, Barnes, Góngora, Quevedo, Gracián, Baudelaire, Camús, Eco, Calvino, Lorca, Gil de Biedma, Miguel Hernández, Alberdi, Wilde, Navokov, Freud, Jung, La Codorniz, El Jueves…

Sírvase mezclado, nunca agitado. Hay que sorberlo lentamente, y, si te vienen retortijones, ¡siempre puedes salir corriendo a escribir un post!.

Un abrazo a la comunidad

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