BlogGuest 16 (Ciberpunk)
Por Antonio Cambronero el 31/08/02, a las 01:08:22 am, en BlogGuestEl post de hoy viene de la mano de David. El genial autor de Ciberpunk nos realiza una interesante y brillante introducción al mundo del ciberpunk:
Cibermercerismo
Hasta hace cincuenta años el mundo se movía con palancas y engranajes.
Ese era el mundo que conocieron los filósofos alemanes, los primeros
sociólogos y la Humanidad en general hasta la generación de nuestros
padres. Hoy puede parecernos increíble y lejano como un relato medieval,
pero el mundo mecánico era su mundo.
En él, uno podía de un modo u otro entender cualquier dispositivo por
ingenioso que pareciera simplemente siguiendo los vectores de
movimiento. Tomemos un reloj de cuerda o un motor de explosión: sin duda
es un aparato complicado. Si lo abrimos encontraremos una multitud de
engranajes, piezas y émbolos. Pero todo es visualmente comprensible. Se
trata siempre, al fin y al cabo, de dirigir un movimiento (el provocado
por el muelle del reloj o por la explosión de la gasolina) que es en si
mismo visible y palpable.
Las primeras décadas del siglo XX vivieron una pequeña revolución: el
motor eléctrico. Ahora cuando nuestros padres abrían el reloj había ya
un corazoncito invisible: el flujo de electrones. Algo en lo que de
algún modo había que creer para entender por qué se movía
aquello, algo que siendo complejo era además de una pieza.
Los sesenta y setenta vivieron una segunda revolución: la electrónica.
Ahora no había un único elemento de fe en el reloj. Todo él era
visualmente incomprensible: un circuito integrado ocupaba en el interior
el espacio antaño ocupado por los engranajes. Si algo iba mal se tiraba
el reloj o se cambiaba el circuito, no podía arreglarse al modo de un
relojero de toda la vida. La idea tradicional que ligaba
comprensión del funcionamiento con capacidad de
arreglo había desaparecido. Había algo profundamente misterioso en
el mundo electrónico. El hombre se enfrentaba a la máquina de un modo
similar al que nuestros antepasados habían enfrentado los fenómenos
naturales: desde el reconocimiento de lo otro como una naturaleza
distinta y no domeñable.
Esta actitud respecto a rayos centellas e incluso la fisión nuclear era
algo que la revolución industrial y la era mecánica habían cambiado para
siempre. Por eso, en cierto modo la electrónica había supuesto una
vuelta atrás, un aparente retroceso en la confianza del poder humano
paradójicamente debido a su propio desarrollo. Las fantasías del
comienzo de la época, como 2001, una odisea en el espacio
pero sobre todo las novelas de Philip K Dick, reflejan esta
oscura búsqueda de una nueva religiosidad surgida de lo incompresible de
las nuevas formas cotidianas. Es lo que podríamos llamar ley de
PKD: cuanto más desarrollado es el entorno tecnológico y más
complejas las herramientas cotidianas, más tiende la cultura popular
hacia la superstición.
Pero aún la electrónica daría paso a una nueva revolución, a un nuevo
tipo de relación entre máquinas y personas: la era lógica.
En el momento en que los circuitos permiten programación, en el que la
relación se hace interactiva (y esto es sobre todo a partir del
lanzamiento ordenador personal) lo físico (funcionamiento) no tiene nada
que ver con la comprensión del porqué de las cosas que un ordenador
hace.
Podemos ser unos verdaderos expertos en resolver los problemas que
generan los bugs de Microsoft y no tener ni idea de cómo funciona el
hardware. De hecho, cualquier usuario de oficina normal de Windows o
Office entiende que manejar con agilidad los programas incluye
enfrentarse a fallos lógicos y saber resolverlos. Pero estos fallos y
este conocimiento no tienen ninguna relación con como los electrones se
mueven dentro de la máquina rellenando celdillas de memoria o procesando
inputs.
Más allá de la máquina y la herramienta, la relación de nuestra
generación con la máquina lógica, se parece a la de una persona con una
mascota: no importa cómo funciona, cúal es su anatomía y su metabolismo,
sino como responde a un conjunto de símbolos comunes en mutuo
aprendizaje.
Y he aquí la gran verdad que os revelan los ciberpunks: Nuestro
ordenador es un nuevo tipo de mascota lógica. De algún modo, la
información esta viva en ella y nuestra común relación es diferente a la
que tenemos con la tostadora o la nevera. En palabras de Deckard:
Las cosas eléctricas también tienen su vida por pequeña
que sea.
Post escrito en exclusiva para ©Tramontana ::blog:: por David de Ugarte
Pero, ¿quién es David de Ugarte?:
David de Ugarte: Madrid, 1970. Criado en Ceuta, aprende a programar en BASIC con una consola Atari de cartuchos con nueve añitos. Nació para internet en el Berlín revolucionario de 1989.
Economista, tras una etapa como consultor independiente y profesor de
Economía en la Carlos III de Madrid funda la primera empresa española de
software para ODBs,
Piensa en Red, y Piensa Solutions, empresa de
alojamiento y dominios donde ganará fama por describir públicamente por
primera vez el
algoritmo de Gooble.
En 1996 crea Ciberpunk.com
ezine de referencia para el movimiento ciberpunk en lengua española. Sus
obsesiones son la identidad y
una concepción libertaria de la red ligada a una defensa a
ultranza de los estándares del W3C.
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